Turistas y más turistas en los Mercados de Navidad de Alsacia

La Navidad ya ha quedado atrás en el calendario, y aunque aún tienen que venir los Reyes Magos, donde yo vivo no se paran a dejar regalos, así que el espíritu navideño se ha esfumado.

Hasta hace tan solo unos días las luces de colores y las casetas de madera donde se sirve vino caliente inundaban el centro de todas las ciudades, y para vivir este momento mágico del año en un rincón que nos recuerda a los cuentos más entrañables de nuestra infancia, nos fuimos a Alsacia un fin de semana.

Eguisheim - Mercado de Navidad

Eguisheim – Mercado de Navidad

Arrancamos un viernes al mediodía desde Bruselas. Nos habíamos pedido la tarde libre para no llegar muy tarde a Eguisheim, donde pasaríamos la noche. Por la carretera nos cruzamos con montones de coches con matrícula de España. Al principio nos sorprendimos un poco, luego nos dimos cuenta de que en España ese finde se juntó con un festivo el viernes y el miércoles, además de que muchos catalanes subieron a Bruselas a manifestarse, así que supongo que nos coincidió con muchos españoles de puente y muchos catalanes volviendo de la manifestación.

Cuando llegamos a Eguisheim ya era de noche. Aparcamos a la entrada del puebo, en un parking de pago que en estas fechas está hasta los topes. Además de coches como el nuestro también había muchas caravanas y por la mañana aparcaron varios autobuses que estaban haciendo “la ruta de los mercados navideños de Alsacia”. No sé si existe una ruta llamada así, lo que es cierto es que muchos autobuses llenos de turistas van parando por los pueblos cuquis de Alsacia, dejan a los turistas unas horas para recorrer las calles y los recogen para visitar el siguiente pueblo cuqui.

Con el coche aparcado nos dirigimos al hotel Le Hameau d’Eguisheim, donde nos recibieron con una copita de vino de la región en el bar donde se hacen degustaciones. Entre los diferentes vinos que nos dieron a elegir, nos decantamos por un vino blanco dulce que nos gustó tanto que nos llevamos cuatro botellas. No somos de tomar vino con las comidas, pero este va muy bien con quesos, así que nos pareció perfecto para acompañar al aperitivo 😛

Eguisheim - vino de Alsacia

Eguisheim – vino de Alsacia

El sitio nos encantó. Se trata de una antigua edificación reformada, con una entrada grande que da a un patio, donde en ese momento tenían varios puestos de comida (desconozco si con motivo de la navidad o están siempre allí), y rodeando al patio se encuentran las habitaciones para los huéspedes, el bar donde probamos el vino y la cafetería donde sirven el desayuno.

Personalmente me enamoré de la habitación. Amplia y muy acogedora, con una cama comodísima. El baño también muy cómodo, y muy bueno el detalle de tener unas planchas del pelo en el armario de debajo del lavabo además de un secador.

Antes de irnos a dormir en la fabulosa cama de la habitación, nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo. Eran alrededor de las 19h y era ya un pueblo fantasma. Los puestos del mercado ya estaban cerrados y no había nadie por la calle. Eso sí, los restarantes estaban hasta arriba. Está claro que a partir de las 19h lo único que se puede hacer en Eguisheim es cenar.

No teníamos especial interés por comer algo típico de Alsacia como puede ser el jambonneau (una especie de codillo), el chucrut (o choucroute en francés) o el flammkuchen (una especie de pizza finita sin salsa de tomate), así que nos conformamos con cenar en el primer restaurante que tuviese una mesa libre para dos y que no tuviese mala pinta. Así es como acabamos en el Dagsbourg, donde comimos un plato de pasta bastante decente.

No remoloneamos mucho por la mañana porque había que poner un ticket al coche si no queríamos llevarnos una multa, así que antes de las nueve pagamos los 3€ de tarifa única del parking. Después fuimos a desayunar a la cafetería del hotel, donde el buffet libre no era muy variado, pero lo que había estaba muy bueno.

Por la mañana en Eguisheim se respiraba más vida. Además de los turistas que habíamos pasado la noche allí, aparecieron hordas de viajeros inundando las callejuelas del centro. Varios autobuses estaban realizando su primera parada del fin de semana navideño. Decidimos escapar antes de que la oleada de turistas nos engullera en su trayecto hacia las casetas de gluhwein. Hicimos nuestra buena acción de Navidad antes de marcharnos al darles el ticket del parking, válido para todo el día, a unos franceses que acababan de llegar y estaban peleándose con el parkímetro.

Eguisheim Calles

Eguisheim Calles

Siguiendo probablemente la misma ruta que los autobuses navideños, con sus conductores luciendo hermosas diademas con cuernos de reno, nos dirigimos a Colmar. El encanto de Colmar se ve acentuado en estas fechas por las luces de colores, los copos de nieve, los olores a vino caliente y pan con canela y caramelo. Y por qué no… los villancicos también le dan un toque, aunque después de 10 minutos uno quiera pegarse un tiro para dejar de escucharlos.

Colmar - Mercado de Navidad

Colmar – Mercado de Navidad

Si a primera hora de la mañana la pequeña Eguisheim ya estaba siendo invadida por los turistas, Colmar no se quedaba atrás. Ya habíamos estado en verano alojados en el Hotel Primo y habíamos visto que justo delante había un parking público, situado a menos de 10 minutos a pie del centro, así que ahí nos dirigimos para dejar el coche.

No me gustan las aglomeraciones, me agobio en los sitios megaturísticos donde para caminar 10 metros te echas media hora porque vas dejándote llevar por la masa de gente, pero esto no impidió que Colmar me volviese a parecer una ciudad de cuento, de esos con final feliz obligatorio.

Colmar - Decoración Navidad

Colmar – Decoración Navidad

No estuvimos mucho tiempo en Colmar, el justo para dar un paseo por el centro y echar un vistacillo a los puestos del mercado. En inviernos los días son cortos y cuando te quieres dar cuenta ya es noche cerrada a las 5 de la tarde, y aún queríamos parar en Kaysersberg y Estrasburgo, así que antes de que el tiempo por el que habíamos pagado el ticket del parking expirase, nos metimos de nuevo en el coche.

En Kaysersberg nos encontramos de nuevo un pueblo invadido por los turistas sedientos de Navidad. Tanto es así que no encontramos sitio ni en el parking público a la entrada del pueblo, ni en el aparcamiento especialmente habilitado para estas fechas. Dejamos el coche mal aparcado al borde de la carretera.

En este caso el agobio de la masa pudo conmigo, aunque pude seguir apreciando el encanto de de sus calles y sus casas, no lo disfruté demasiado. Fue la parada más corta de nuestra ruta, aunque también es cierto que es un pueblo pequeño que se recorre en una horita si uno no se para a ver tiendas o a comer.

Última parada en Alsacia: Estrasburgo. En este caso solamente entrar en la cudad ya fue una odisea. Todos los aparcamientos públicos que nos señalaba el GPS estaban completos. Solo encontramos plaza en el “parking rápido” de la estación de tren, pensado para la gente que va a la estación a llevar o a recoger a alguien, así que los 20 primeros minutos se pagan a un precio razonable, pero a partir de ahí es un atraco a mano armada. Nos resignamos a pagar.

Para llegar al centro de la ciudad tuvimos que pasar un control de seguridad donde nos manosearon las mochilas para comprobar que no llevásemos nada peligroso. No sé qué se puede encontrar en una mochila en un manoseo como ese, pero supongo que es seguridad psicológica.

¿Me había quejado yo de que en Colmar y en Kaysersberg había mucha gente? Pues si no querías caldo, toma dos tazas. Imposible caminar entre los puestos del Mercado de Navidad de Estrasburgo. Y ya ni te cuento para encontrar mesa para dos en algún restaurante. Pero lo conseguimos. Terminamos comiendo en un restaurante de dos plantas cuyo nombre no recuerdo y donde los camareros no paraban ni dos segundos entre tomar nota, servir platos, cobrar la cuenta y atender amablemente a los clientes en cualquier otra cosa que necesitasen. La comida estuvo bien pero sin más, un jambonneau para mi pareja y un plato de spaetzle (pasta típica de algunas zonas de Alemania y Francia) grantinada para mí. Eso sí, rapidísimos. La entrada y salida de clientes fue constante desde que entramos, así como las idas y venidas de camareros cargados de bandejas.

El domingo por la mañana teníamos que estar de vuelta en Bélgica, así que la noche aún no se nos había echado encima cuando nos despedimos de Alsacia.

Pasamos la noche del sábado en el Hotel Roeb, en el parque nacional Eifel. Una pena que no tuviésemos tiempo para visitar el parque, porque tiene pinta de ser una chulada, pero el hotel lo escogimos porque nos quedaba bien en la ruta de vuelta a casa y porque cuando empezamos a mirar hoteles no había muchas más opciones.

Cenamos en el restaurante del hotel, donde se come bastante bien a un precio asequible. La habitación, un lujo. Con una cama enorme, en el baño una ducha con hidromasaje y efecto lluvia y un balconcito (del que no hicimos uso en Diciembre).

Por la mañana desayunamos de nuevo en el restaurante del hotel donde nos tenían reservada una mesa y el buffet libre es bastante completo: bolleria, cereales, zumo, embutidos, quesos, tomatitos, huevos, bacon y por supuesto pepino, que no puede faltar en un buffet libre alemán.

Cuando dejamos el hotel estaba nevando bastante fuerte, lo que nos pareció que le daba al paisaje un toque superbonito. No nos hizo tanta gracia cuando después de una hora seguía nevando copiosamente y no se veían las lineas de separación de carriles por la autopista. Añado esto último a mi lista de experiencias de las que está bien vivir una vez, pero no quiero repetir.

Ahora solo queda esperar 11 meses para escoger una nueva ruta de Mercados de Navidad.

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