Paseo por Guimarães

Llegamos a Guimarães un sábado por la noche, después de unos 40 minutos en coche desde Oporto.

Como ya era tarde cuando llegamos al hotel, dejamos las maletas y salimos sin demora en búsqueda de un sitio para cenar por el centro.

Lo cierto es que no buscamos mucho, nos metimos casi en el primer sitio que encontramos y nos pareció entrañable desde fuera. Y así fue como entramos en la Churrasqueira do Toural, en la calle Travessa de Camões 7.

Una vez dentro confirmamos que el sitio era realmente entrañable. Nada de platos de diseño con cuatro bocaditos bien presentados, lo que sirven son bandejas de comida abundante y sabrosa para compartir entre varios.

Probamos el lomo con salsa de champiñones y patatas fritas y la ternera con alubias rojas. Todo acompañado con arroz, y todo riquísimo.

De beber tomamos cerveza, y ninguno se atrevió con el postre después de acabar llenos con los platos principales. La cuenta ascendió a unos 10€ por persona.

Para bajar la comida nos dimos un paseo por el centro y nos cruzamos con un montón de gente joven de fiesta, y algún que otro botellón a la portuguesa con un frío que pelaba, así que parece una ciudad bastante animada por las noches.

Al día siguiente, después de un desayuno ligero al lado del hotel, nos dirigimos al casco histórico de Guimarães.

Fuimos paseando por el centro y atravesamos las plazas de Oliveira y Santiago, que a esas horas todavía no tenían mucha actividad, el personal de los restaurantes y cafeterías aún estaban adecentando las mesas de las terrazas. Nos pareció una ciudad muy agradable y muy bien cuidada, y lo cierto es que nos recordó un poco a Allariz, en Ourense.

Fachadas de Guimaraes

Fachadas de Guimaraes

Gatos de piedra dando la bienvenida

Gatos de piedra dando la bienvenida

Y paseando llegamos al Pazo dos Duques, que al ser domingo por la mañana tenía entrada gratuita. Nada más entrar había un patio y en uno de los laterales tenían varias aves de caza con las que uno se podía sacar una foto acariciándoles el plumaje con cuidad de no ponerlas nerviosas.

Le dimos una vuelta al pazo y salimos para visitar también el castillo, que lo cierto es que nos pareció poca cosa.

Castillo de Guimaraes

Castillo de Guimaraes

La siguiente parada era el Monte da Penha, donde hay un santuario y una Iglesia bastante reciente, que ya ha sido visitada por el último papa.

Hasta allí se puede ir en coche, pero preferimos ir en el teleférico por 5€ ida y vuelta cada uno.

Desde el monte puede verse toda la ciudad y hay varios restaurantes donde comer, pero nosotros bajamos otra vez al centro a comer algo antes de abandonar Portugal.

Una vez más, empezamos a buscar restaurante guiándonos por nuestro instinto, y una vez más no nos equivocamos.

Caminando llegamos al restaurante Mourão, en la Rua de Camões 42, próximo a la churrasqueira donde habíamos cenado el día anterior.

En este caso el personal resultó ser más distante que en la cena, pero la comida no nos decepcionó en absoluto. Probamos el plato de bacalhau de la casa, el salmón y la francesinha, a la cual habíamso decidido dar una segunda oportunidad después de la decepción sufrida con este plato en Oporto, y estaba todo delicioso, en especial el bacalhau.

De postre había varias opciones caseras. Probamos las natillas y la tarta de chocolate, personalmente me gustaron más las natillas.

Como único punto negativo del restaurante, aviso que este es uno de los muchos locales de Portugal en el que te ponen los entrantes sin preguntar si los quieres y sin avisarte de que te los van a cobrar a precio de oro. De todas formas la cuenta no salió cara, unos 12€ por persona, y este detalle está muy extendido en este país, así que no se lo tendremos muy en cuenta y le ponemos buena nota.

Ya con la tripita llena nos pusimos en marcha para volver a casa y preparar nuestro próximo viaje.

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