Noruega (III) – Bergen

La última parada en nuestro recorrido por Noruega antes de volver a Oslo fue Bergen, la segunda ciudad más importante del país que incluso fue la capital hace años. Comparando una con la otra, Bergen nos pareció mucho más acogedora y agradable, con un ambiente más juvenil.

 

Bergen

Bergen

Llegamos a Bergen pasadas las 19:00 y nos dirigimos directamente al albergue Citybox, a 5 minutos a pie desde la estación de tren. Un detalle curioso sobre el albergue: a esas horas la recepción estaba cerrada, pero nos habían enviado un sms con un código que tuvimos que introducir en una especie de cajero para hacer el check-in, donde ya pagamos y sacamos las llaves de la habitación (en formato de tarjeta como la mayoría de los hoteles hoy en día). Pagamos 1000 NOK por noche por una habitación de 4 personas con baño privado. La única pega que le pondría es que no había ni un solo armario, perchero o colgador en toda la habitación ni en el baño. Aunque pueda parecer un detalle sin importancia, colgar las toallas húmedas en los barrotes de las camas y dejar los abrigos tirados por el suelo le quita encanto a la habitación. Por lo demás, todo correctísimo.

No terminamos de acostumbrarnos al horario noruego, así que pecamos de nuevo de inocentes e intentamos ir a cenar algo típico de la zona cuando ya eran casi las 9 de la noche… fracasamos. Tuvimos que conformarnos con unas pizzas en un Pepe Pizza poco tradicional, ya que en otros sitios que parecían más autóctonos la cocina ya estaba cerrada. Eso sí, la pizza Moby Dick estaba muy rica 🙂

Al día siguiente nos cayó una nevada de las que no te dejan ver más allá de 100 metros al salir del hotel, nuestro gozo en un pozo. Con el ánimo por los suelos nos dirigimos a la oficina de turismo (en el edificio del mercado de pescado) para que nos aconsejaran que hacer con semejante nevada. El chico que nos atendió nos dijo que no nos preocupásemos, que en un par de horas habría despejado. ¡Ni 15 minutos tardó en brillar el sol! En cuanto salimos de la oficina parecía que estábamos en otra ciudad distinta, ni rastro de un copo de nieve en el aire.

Bergen nevando

Bergen nevando

Bergen después de la nevada

Bergen después de la nevada

Con el ánimo renovado nos dirigimos al barrio Bryggen (que en noruego significa embarcadero), declarado Patrimonio de la Humanidad. Nos encantó este barrio con sus casitas de colores, sin duda un rincón con encanto como pocos.

Bergen Bryggen

Bergen Bryggen

Tras sacar miles de fotos del famoso y entrañable barrio nos dirigimos al Bergenhus, desde el que hay buenas vistas del puerto donde se encuentra la estatua de Kong Haakon (por algo lleva unos prismáticos el hombre). Cuidado no resbaléis que os matáis, ya que la parte del camino para llegar al lugar donde está la estatua de dicho rey no está amurallada!

Bergen Hakkon

Bergen Hakkon

Según el horario noruego ya era la hora de comer, así que volvimos al mercado de pescado, esta vez había que probar algo típico SÍ O SÍ. Nada más entrar ya nos ofrecieron degustar una sopita de pescado deliciosa, así que no pudimos resistirnos a pedir un bol por persona de 100 NOK que pagamos con mucho gusto. Además de comer, también se puede comprar todo tipo de pescado para llevar y los que tengan curiosidad pueden probar la ballena (ahumada, fresca, a la plancha…). Personalmente, me quedo con la sopita.

Bergen - sopa de pescado

Bergen - sopa de pescado

NOTA: Si queréis utilizar los servicios en el mercado, están en la parte de fuera y hay que introducir una moneda de 10 NOK para poder abrir la puerta.

Con la tripita llena nos dispusimos a tomar el funicular para subir al monte  Fløyen. Compramos el billete sólo de subida con la intención de bajar andando y dando un paseito aprovechando que el sol brillaba. Al llegar arriba nos recibió una copiosa nevada. Ya le íbamos cogiendo el truco al clima de Bergen, así que no nos asustamos. Fuimos a la tienda de recuerdos a esperar que saliese de nuevo el sol tomando un café calentito pero intragable.

El sol no nos decepcionó y volvió a salir, así que aprovechamos para dar un paseo por una de las rutas a pie que nos recomendaba un folleto informativo que nos dieron al comprar los billetes del funicular. Nos adentramos en el bosque y una de las primeras cosas que fimos fue una advertencia sobre crías de dinosaurio. El mensaje nos aconsejaba no intentar alimantarlas si veíamos alguna, ya que podríamos convertirnos en su comida, e indicaban un número de teléfono al que llamar en caso de toparnos con alguno. No tuvimos esa suerte.

Bergen - Baby dinosaurs

Bergen - Baby dinosaurs

Seguimos las indicaciones del mapa con dirección a lo que debía ser un pequeño lago que para variar encontramos helado y cubierto de nieve.

De vuelta al centro de la ciudad nos topamos con otros carteles inquietantes.

Bergen Brujas

Bergen Brujas

Como ya habíamos escarmentado en cuanto a la hora de la cena, nos faltó tiempo al ver que en el reloj marcaba las 19:00 para poner rumbo al Pingvinen, local donde queríamos cenar por recomendación de la guía Lonely Planet. Aunque siempre es mejor fiarse de las recomendaciones personales de alguien conocido, en este caso fue un acierto. Pedimos a la camarera que nos aconsejase algo del menú y nos decantamos por el pastel de pescado y las albóndigas. Me quedo con el pastel de pescado, aunque ambos platos estaban muy buenos.

Todavía era de día cuando acabamos de cenar, así que decidimos tirar la casa por la ventana e ir a tomarnos una caña para despedir el día, así que fuimos al Garage, un local donde además de servir cerveza a precio de oro (el precio normal en Noruega), dan conciertos en el sótano.

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