Ávila, una visita exprés

Mi paso por Ávila resultó corto, apenas dos horas paseé por la zona histórica de la ciudad, y a pesar de no llegar a ver el Mirador de los Cuatro postes, desde el que se dice que se tienen unas vistas impresionantes de la ciudad y su muralla; creo que me resultó suficiente para visualizar lo más importante.

Muralla de Ávila

Muralla de Ávila

 


Teniendo en cuenta que soy de Lugo, no pude evitar comparar las murallas y la formación de la ciudad. Tienen similitudes en cuanto a que las dos tienen su encanto en la traza histórica del interior de la muralla, dejando los ensanches en las afueras. En Ávila lo que marca es la altitud a la que se encuentra la muralla, dejando la extensión de la ciudad a cota más baja. Destaca esta vista de la muralla desde el fondo, algo muy atractivo y propio de carácter defensivo en la formación de las ciudades. Es verdad que no se pueden comparar las murallas. La de Lugo data de la época romana y la de Ávila es medieval y eso en el tipo de piedra, colocación y regularidad se nota, pero acostumbrada a la de Lugo que puedes subir a pasear como si fuese una avenida peatonal de la ciudad, me chocó bastante que la de Ávila fuese tan estrecha y encima cobraran por querer subir. Evidentemente no subí, pero la percepción que se tenía de las personas que sí lo hicieron era que sólo podían ir en fila india como un recorrido de pasillo.

En realidad, la muralla es lo más reseñable de la ciudad, pero hay que mencionar también la catedral, la imagen de Santa Teresa de Jesús, su convento y la cantidad de palacios vinculados a las familias nobiliarias de la zona, donde destaca el convento de Santo Tomás que fue residencia temporal de los Reyes Católicos.

Imagen de Santa Teresa

Imagen de Santa Teresa

Por último, si os gustan los postres, no os podéis marchar sin probar las famosas yemas de Santa Teresa.

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