SHIRAKAWA-GO en los alpes japoneses

Nunca pensé que viajando en Abril fuese a necesitar ropa de nieve, así que cuando hicimos una parada en este pueblo de los alpes japoneses, situado entre Takayama y Kanazawa, la nieve nos sorprendió con nuestras ropas de primavera.

Campos de arroz

Campos de arroz

Pero la nieve no sólo no nos estropeó nuestros planes, sino que hizo de nuestra parada en este lugar uno de los mejores momentos de nuestra pequeña excursión.

Llegar a Shirakawa-go

Para llegar al pueblo, fuimos en autobús desde Kanazawa, yo fui durmiendo como un bebé y me perdí el trayecto, que seguro que incluía imágenes espectaculares de las montañas nevadas de Honshū Central. Mi compañero sin embargo no tuvo tanta suerte, ya que aunque pudo haber disfrutado del hermoso paisaje, se pasó la hora escuchando los gritos de una niña que nos acompañaba con sus dos hermanos y sus padres (eran turistas como nosotros) que lloraba absolutamente por todo.

Cuando desperté de mi reparadora siesta, y tras comentar con mi compañero lo molestos que eran nuestros compañeros de viaje, me sorprendí gratamente al mirar por la ventana del viejo autobús y encontrarme semejante paisaje… Perdidos en algún lugar del distrito de Hida, cerca ya de nuestro destino, rodeados de montañas, y de nieve! Algo realmente precioso. En ese momento no me paré a pensar en la ropa de primavera que llevaba en la mochila, estaba encantada con lo que estaba viendo.

Llegada a Shirakawa-go

Llegada a Shirakawa-go

Alojamiento en Shirakawa-go

Afortunadamente mi compañero de viaje vive en Japón y se defiende bastante bien con el idioma, ya que en la casa donde nos alojamos no hablaban inglés. La reserva de la habitación hubo que hacerla por teléfono, así que no sé como nos habríamos apañado sin sus conocimientos.

En cuanto al alojamiento en sí, excelente! El tipo de alojamiento en este pueblecito es siempre el mismo: una casita típica con el techo de paja, las llamadas gasshō-zukuri.

Alojamiento en Shirakawa-go

Alojamiento en Shirakawa-go

No sé si en el resto de casitas cambiará la cosa, así que os cuento cómo fue nuestro caso sin generalizar:

Al llegar nos atendió una señora de lo más entrañable, nos descalzamos y nos llevó a nuestra pequeña habitación (por cierto, sin llave, la seguridad allí no era algo de lo que hubiera que preocuparse), dónde no había más que una mesita baja en el centro, con 2 tazas, una tetera y dos galletas, y en el suelo una estufa, un perchero y unos cojines en el tatami para sentarnos al estilo japonés (de rodillas) para tomar el té. La mujer nos explicó que la cena se servía a las 18:30 y el desayuno a las 7:00.

Té en el alojamiento

Té en el alojamiento para recibirnos

Nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo fantasma pero volvimos en seguida, ya que estaba todo cerrado. No sé si en verano cambiará algo el ambiente, pero en Abril, a las 19:00 no había un alma por las calles.

Al volver de nuestro paseo de 15 minutos, la habitación había cambiado, nos habían retirado la mesa y preparado los futones, aunque aún no estaban extendidos, sino enrollados contra la pared. En una esquina estaban doblados con cuidado dos kimonos de andar por casa, los cuales no nos pusimos, fuimos directamente a cenar. La cena, toda una experiencia para mí, una novata en las comidas japonesas. Cenamos en una sala común, que albergaba sitio para 5 parejas. Había 5 mesas ya puestas, por supuesto bajas, y nada de sillas, cojines. En la mesa había 2 bandejas, una para cada comensal, con varios cuenquitos con distintas cosas. No sabría deciros qué era cada cosa, sólo reconocí la tempura, una sardina, y la sopa de miso, que además de miso y champiñones, no sabría deciros qué más llevaba. También había una cazuelita con arroz para los 2 comensales de cada mesa y una tetera para ir sirviéndose al gusto. Además de esto, también había algo de carne. Todo muy rico!

Despues de la cena, pensamos en ir a dar una vuelta por el pueblo, aunque no se veía muy animado. Al final yo me rajé, ya que estaba destrozada y sólo podía pensar en la ducha que me esperaba. Mi compañero sin embargo decidió salir un rato, para lo que necesitó una linterna que le proporcionó la mujer que regentaba el alojamiento, ya que iluminación por la noche… nula.

Al volver a la habitación ya estaban listos los futones. Cogí la toalla y fui directa a la ducha, el típico baño tradicional! Al entrar en el baño, toda la habitación se considera el plato de ducha, salvo la bañera, que es enorme! Yo me di una simple ducha occidental.

Mi primera noche en un futón de verdad fue una auténtica gozada. Puede que ayudara el hecho de que estaba hecha polvo, pero dormí del tirón.

Y llegó la mañana, y con ella, una bonita sorpresa: estaba nevando! Qué frío hacía, pero qué bonito!

Nevando por la mañana

Nevando por la mañana

Despues de tomarnos el desayuno, similar a la cena del día anterior, salimos a dar una vuelta, cámara en mano, para inmortalizar la maravillosa estampa: casitas con el tejdo de paja cubierto de nieve, campos de arroz que se habían convertido en campos de bolitas de nieve, arboles con las ramas envueltas en nieve y hasta un iglú! Allí hice mi primer muñeco de nieve!

Shirakawa-go nevado

Shirakawa-go nevado

 

Ramas cubiertas de nieve

Ramas cubiertas de nieve

Curiosidades

Estamos acostumbrados a no dejar nunca nuestras cosas sin vigilancia, y siempre bajo llave. Pues en este alojamiento las habitaciones no tenían llave, sólo un pestillo que se podía cerrar desde dentro. Y al salir a dar una vuelta dejamos las mochilas con todas nuestras pertenencias en la entrada. En Japón esto se puede hacer con toda tranquilidad.

Recomendación

Mi recomendación personal es que si visitais la zona de Honshu Central hagáis la ruta Kanazawa-Takayama con una parada en este precioso pueblo.

Para ir hasta Takayama tenéis que coger un autobús desde la estación de Shirakawa-go, tarda unas 4 horas.

OJO: es habitual que el conductor os pida el billete al subir y al bajar, así que tenedlo a mano.

En un día, o incluso unas horas, es más que suficiente para visitar Shirakawa-go, pero yo os recomiendo pasar la noche, ya que merece la pena vivir la experiencia de alojarse en una casita típica japonesa. Aunque lo que se ve hoy está conservado por y para el turismo, representa la vida rural auténtica que aún se encuentra en otras partes de Japón.

Hay un punto de observación, Shiroyama Tenbodai, al que no pudimos ir por la nieve. Está a 15 min andando o 200 yenes en autobús.

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3 Comments
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